El Belén es una costumbre muy arraigada en la religiosidad popular española y también en Latinoamérica, y en menor medida en Italia, de donde curiosamente procede el Belén Napolitano, nuestro icono de la decoración de hoy.

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El Belén es una instalación efímera y estacional que se coloca durante los días de Navidad en muchos hogares y también en las calles o en establecimientos públicos. En nuestro país estamos muy habituados a ver este tipo de escenas, pero en otros países no es tan común como el abeto u otro tipo de decoraciones navideñas.

El Belén o Nacimiento es una representación escenográfica del momento bíblico de la Natividad de Jesús y muestra el esplendor de su nacimiento, su naturaleza divina, pero también la humana, por eso se le representa en un pesebre, rodeado de detalles terrenales, formando todo tipo de escenas de la vida cotidiana.

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Al tratarse de instalaciones efímeras, se sabe poco de la manera en que se disponen tradicionalmente los belenes, pero sí sabemos que siempre han contado con diferentes escenarios formando conjuntos de actividades alrededor de la escena principal, el Misterio, que es el pesebre con la Virgen María y San José, el Niño Jesús, el buey y la mula (herencia de tradiciones paganas en torno al solsticio de invierno). A esta escena se pueden añadir todo tipo de personajes y escenas de la vida cotidiana, habiéndolos fijos y otros que varían según la región. En cuanto a las tipologías encontramos numerosísimas interpretaciones del Belén.

El Belén de la escuela napolitana, del que vamos a hablar hoy se trata de un icono ya que es una tipología muy concreta surgida en Nápoles, que contó con maestros especialistas, alcanzando las más altas cotas de perfección artística. y que llegó a popularizarse enormemente entre las clases altas y la burguesía.

Cuando Carlos III era Rey de Nápoles, donde tuvo residencia, encargó a la Real Manufactura de Porcelana de Capodimonte que hiciese un Belén, ya que echaba de menos los que su padre, Felipe V hacía montar en su palacio. Por esto acudió a dos maestros para que realizasen una delicadas figuras en porcelana. Estas figuras tan características tienen la cabeza y las manos de porcelana y el resto del cuerpo de alambre recubierto de estopa. Las figuras se visten y, en aquella época, las vestiduras eran realizadas por sastres especializados.

Cuando Carlos III volvió a España se llevó consigo su belén, importando también la tradición. La aristocracia se volcó a imitar esta moda en masa, llegando a rivalizar las grandes casas para lograr a los mejores escultores y empezaron a introducir figuras de ricos y nobles en las escenas con sus lujosas arquitecturas.

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En una época en la que comenzaba a reinar la razón sobre el misticismo, el Belén se entendía mas bien como un hecho artístico – de tono menor- y así se trató.

Esta moda ha dejado piezas memorables, verdaderas joyas, que se encuentran en los mejores museos de Artes Decorativas, así como en las colecciones de Patrimonio Nacional en España y otros museos europeos.

En los meses de diciembre y enero se pueden visitar muchos de los belenes de colecciones nacionales en las ciudades que atesoren algún ejemplar.

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¿Sabías que existen belenes icónicos en el mundo como este del que hemos hablado hoy?

 

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