La ciudad de Rotterdam es conocida por haber sido una ciudad de experimentación en arquitectura, un laboratorio de formas, tras haber sido devastada en la Segunda Guerra Mundial. Y en esta ciudad encontramos maravillas arquitectónicas como las casas cubo, un conjunto de innovadoras viviendas en el centro de la ciudad.

Las casas cubo fueron diseñadas por el arquitecto Piet Blom en 1977, aunque no se construyeron hasta 1984. El proyecto fue encargado para revitalizar la zona de la ciudad en la que se encuentran.

La idea consistía en una solución habitacional para una ciudad con una gran densidad de población en la que se buscaba un área transitable y habitable, por lo que el arquitecto, con el Ponte Vecchio de Florencia en mente, giró un cubo 45º y lo colocó sobre un pilar hexagonal, liberando el suelo y creando un área urbana transitable sobre la que hay 38 viviendas de alrededor de 100 metros cuadrados.

Este proyecto está inspirado en la naturaleza, y cada casa está concebida como un árbol. El conjunto forma un bosque por el cual los ciudadanos pueden transitar entre los troncos hexagonales y bajo los cubos, que serían como las copas de los árboles.

Vivir en un cubo

La particular forma de las casas cubo convierte sus interiores en espacios sorprendentes.

El interior de estas viviendas tiene la singularidad de que sus paredes están inclinadas en 45º, lo cual condiciona tanto la organización interior como el diseño del mobiliario. Uno no puede poner cualquier mueble, los que hay están diseñados especialmente para la casa, y los muebles exentos que hay son siempre de diseño vanguardista, como la silla Tom Vac de Vitra.

Estas viviendas se organizan en tres pisos: el primero, con forma triangular contiene la cocina, una mesa para comer y un lavabo.Las vistas desde aquí son espectaculares debido a la inclinación la de las paredes y las ventanas.

El segundo piso tiene dos dormitorios y los baños. En él se provechan los rincones al máximo, ya que estamos en el nivel de las aristas del cubo. La tercera planta, en forma de pirámide se suele usar como pequeño jardín cubierto, y es un rincón perfecto para la lectura o el relax, ya que tiene ventanales muy amplios y se puede disfrutar de las vistas de la ciudad desde todos los puntos, así como de la luz natural, siendo esta un elemento común en todas las plantas.

Si bien mucha gente piensa que estas casas son poco prácticas e incómodas para vivir, lo cierto es que funcionalmente están muy bien pensadas, además de permitir un aprovechamiento máximo de la luz natural, que en el último piso es muy abundante.

A veces vivir en un edificio singular tiene la dificultad de que es necesario adaptar el interiorismo a sus caprichosas formas, pero un interiorista profesional puede solucionar las complicaciones que esto supone con resultados impecables.

A vosotros, ¿qué os parecería vivir en una de estas casa cúbicas?

 

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